La historia de Lucas - Ganadora del Sorteo de Otoño
Hola amigos..., os quiero contar una pequeña historia, no sé si será bonita, pero si sé que a mí me iluminó la vida.
Una tarde de invierno, bajo de casa de mi amiga Olga y me encontré con unos niños en la calle que tenían un pequeño y desnutrido gatito. Les pregunté que por qué no lo llevaban a casa, que tenía frío y ellos me dijeron que lo habían hecho, pero que sus madres no lo querían.
Les pregunté qué le pasaba en la cola y me dijeron, que los mayores le habían atado latas para que se asustara y corriese y el gatito se la había partido en varias partes. Después le habían quemado los bigotes.
Era un gatito que a pesar de tener mucha hambre y estar desnutrido seguía ronroneando en sus brazos.
Les pregunté qué pensaban hacer con él y me dijeron, que lo iban a dejar ahí, pues tenían que irse a su casa. Lo cogí en mis brazos y por primera vez me miró, Dios mío, que preciosidad de ojos, azules intensos como el mar y el cielo,
no me lo pensé mucho, ya que estoy segura que Dios le puso esos ojos para enamorarme y darme fuerzas para enfrentarme al rechazo de mi
marido, ya que por aquél entonces, teníamos una persita blanca y dos niños.
Sabía que en cuanto lo viese me diría que no podría quedármelo, ya ya que estaba sucio, desnutrido y lleno seguramente de enfermedades. Así fue, mi marido cuando lo vio no lo quería. Pero yo sí, así que lo bañé, le di de comer, que comiendo, era muy gracioso, pues no paraba de gruñir, como si le fueran a quitar la comida.
También durmió cerca de la comida, porque no se creía que de repente Dios se hubiese apiadado de él, como si fuese un sueño del que no quería despertar, mi niño lindo. Al día siguiente lo llevé al veterinario y no podían ni sacarle sangre, pues no tenía nada más que piel y nada de carne donde pinchar. Finalmente consiguieron sacarle un poquito, para hacerle la analítica, lo desparasitaron y me lo traje para su nueva casita. En esta casa no iba a estar más solo, pues gracias a Dios, la analítica salio negativo de todo y el veterinario me dijo que lo único que necesitaba era engordar y ponerse fuerte.
Esta es la pequeña historia de mi pequeño y precioso Lucas. Ahora soy criadora de persas y él es el Rey de la casa, no tendrá pedigreé, pero si tiene un montón de seres que lo quieren con locura y que cada vez que le veo la colita retorcida por lo que le hicieron esos salvajes, pienso en la educación que debemos darle a nuestros hijos desde pequeños, para que seres tan maravillosos como Lucas, no sean maltratados y sufran porque a ellos les hace gracia hacer daño a todo ser viviente.
Espero y deseo que el mundo cambie gracias a las futuras generaciones y sea para bien. Por ello, enseñad a vuestros niños, sean hijos, sobrinos, amigos o simplemente a gente que os encontréis por la calle, a que esas cosas no se deben hacer y que sobre todo, nunca deben de ser graciosas.
Un besito para todos los amantes de los Lucas que hay en el mundo